Discurso del Padre Sergio Conci Magris, Director del Nivel Secundario
25 de mayo de 2010 - Bicentenario de la Patria
Autoridades presentes del Servicio Provincial de Enseñanza Privada, Comunidad Religiosa de la Orden de las Escuelas Pías, Sra. Directora del Nivel Inicial y Primario, Sra. Directoria de Estudios del Nivel Secundario, Personal docente y no docente, queridas familias y alumnos.


Hoy nos toca reflexionar juntos sobre uno de los acontecimientos más importantes de la historia de nuestro país. En esta época tan particular de nuestra patria y del mundo entero, tenemos que volver la vista atrás; pero, no sólo para hacer memoria agradecida, sino, para asumir en nuestras manos el desafío de hacernos cargo hoy de nuestra historia y del legado de nuestros antecesores.

Nos convoca en esta oportunidad bicentenaria un lema propuesto por la Conferencia Episcopal Argentina. La Patria es un don, la Nación una tarea.

En mis 35 años de vida no he conocido épocas de esplendor en nuestra tierra. Más bien todo lo contrario, desde que tengo uso de razón sólo recuerdo enemistades, antagonismos, injusticias, corrupción, mucha corrupción, quejas de todos, trabajo esforzado y solidario de muy pocos. Para qué vamos a adornar lo que es una constatación evidente a la tarea diaria de cualquiera que no quiere cerrar los ojos.

Pero no es mi intención caer en lo que critico y comenzar ahora una agorera y trágica queja de todos y cada uno de nuestros males nacionales. O el extremo opuesto, que no se escapa a la misma lógica miope, de querer resaltar aquellas características culturales positivas y bellas que tiene nuestro pueblo, a fuerza de convencernos que ser Argentino pasa por el fútbol, el asado, el mate o alguna otra costumbre mayoritaria.

Me gustaría hoy aportar dos o tres cuestiones que me parecen relevantes si queremos llegar hasta el fondo de toda cuestión referida a la Patria que recibimos como don de Dios. Debemos plantearnos con sinceridad y profundidad…

1) ¿Qué es Patria? y en todo caso… ¿Por qué amarla?
2) ¿Cómo concretar el amor a la patria en una práctica constructiva y verdadera?
3) La apelación en nombre de Dios y de los más pequeños a la cruzada por el bien común.

El P. Castellani (un gran sabio argentino) nos alecciona… “La Patria significa simplemente el bien común de todos, encarnado aquí y ahora en una comunidad social determinada en un tiempo y en un espacio.” El bien común de todos, aquí y ahora… Lo primero que no se nos puede para por alto es el vocablo “bien”. Preguntarnos, pero sobre todo buscar respuestas profundas, auténticas y sensatas, sobre qué es lo bueno. Como nos enseñan los 3000 años de civilización occidental esa es una pregunta ética. Lo primero para habla de Patria es hablar de un bien, del bien. Qué es lo bueno para las personas. Qué es lo bueno para la sociedad. Qué debemos elegir si queremos vivir el bien.

Lo bueno… ¿Puede pasar sólo y principalmente por lo material? Esto supondría reducir al ser humano y a nuestro destino personal y común a lo superficial y lo limitado. Nuestro país parece haber sido regulado casi exclusivamente en las distintas épocas, sobre todo en las últimas décadas por esta variable. Yo lo dice el dicho… “Panza llena y corazón contento”. Nos hemos “contentado” con discutir y agotar nuestras energías sociales e institucionales en asegurarnos pisos salariales, ventajas sectoriales, beneficios particulares. El dinero no siempre ha estado, pero no se pueden reducir nuestros problemas nacionales sólo a variables económicas… Con sólo asegurar el dinero… ¿se logra la felicidad del ser humano? ¿Alcanza, si bien es necesario, para construir un bien común? La experiencia parece negarlo.

Entonces lo bueno no puede pasar sólo y principalmente por lo material. ¿Por dónde entonces? Se nos ha colado una ideología burguesa importada inicialmente de los países anglosajones y hoy globalizada, y por tanto impuesta acríticamente a la masa. Su máxima impuesta por todos los medios de comunicación es: “Lo bueno es gozar de las libertades individuales”. Cada uno haga lo que quiera mientras no embrome al vecino. El destino de todo lo social es permitir a cada uno vivir sus caprichos mezquinos.

Triste realidad la de un hombre reducido a su bienestar caprichoso. Triste realidad la de un país donde cada uno viene a hacerse la América y no le interesa el dolor o la alegría de su hermano. Triste realidad la de una sociedad que dice respetar los derechos destruyendo la familia y matando a los no nacidos, asesinando a los enfermos terminales y manipulando genéticamente para sacar provechos económicos, utilizando los recursos naturales para consumir indiscriminadamente a costa de hipotecar el futuro.

Ése es el paradigma que ha logrado un continente de pobreza, o mejor, que prácticamente todo el hemisferio sur del globo terráqueo sea pobre. Ese es el paradigma que ha hecho que nada este mal y por tanto, algo in-humano, nada esté bien. Ese es el paradigma que nos imponen los medios de comunicación y que hace que un país esté discutiendo lo que le pasa a un porcentaje mínimo de la población cuando la gran mayoría no tiene quién la represente o le dé garantías de ser acompañada en una política de educación, de salud y de seguridad que respeten su dignidad humana. La Argentina que era la tierra de la abundancia del primer centenario patriótico es testigo en el bicentenario de la miseria, el hambre, la desnutrición de miles de sus hijos, la injusticia, la marginalidad, el odio visceral y la inseguridad.

Definitivamente no puede ser lo bueno, lograr, exclusivamente, la libertad individual, aunque no queremos desestimar su valor. Tampoco puede reducirse a lo material, aunque lo supone. Hay un bien más profundo y verdadero. Si Patria tiene que ver con la concreción del bien común de todos los miembros de una sociedad, es muy importante que logremos entender qué es lo bueno, qué es lo que debe aunar los esfuerzos de cada argentino y argentina.

Lo bueno debe pasar por el desarrollo integral y digno de cada persona que comparte nuestra tierra y nuestra cultura. Y ese desarrollo integral no se logra sin el concurso y la lucha por lo común. El bien de una persona supone ineludiblemente el bien común, de los otros. Y no hablamos del bien común de unos pocos o de una clase social, o de una región del país sino que hablamos del bien común de todos.

La Patria es tu comunidad humana, la madre que en su seno te dio a luz en lo que sos en cuanto sujeto cultural y social. No es algo externo sino que está en tu forma de ser y de pensar. Como tu familia biológica con todo lo bueno y con todo lo malo. Estamos asociados a su suerte para bien o para mal. Nos podremos separar pero lo que nos ha unido ya queda indisolublemente incorporado a nuestra identidad e historia por más que intentemos negarlo.

Ser argentino no es un sentimiento como dicen esos slogan baratos y que responden al mercado de consumo. Ser Argentino tiene que ver con tu vida, tu sentido y tus decisiones. Ser argentino debe ser algo que te enorgullece y te da una dignidad que defender y custodiar en el medio del género humano.

El ser humano necesita vivir de una causa que lo trascienda. Esto es lo que hace que seas auténtica y verdaderamente humano y por tanto feliz. Contribuir a un mundo mejor, dar la vida por algo que trascienda tu egoísmo, sólo es posible si asumes tu responsabilidad de transformarte en ciudadano en lugar de habitante. La C. E. A. nos dice que “el habitante hace uso de la Nación. Busca beneficios y sólo exige derechos. [en cambio] El ciudadano construye la Nación, porque además de exigir sus derechos cumple sus deberes.” Ser ciudadano tiene que ver con saberse parte de la civitas, de la polis. Todos tenemos una función y una tarea y no podemos esperar que el otro empiece a hacerlo bien para largarnos. Empecemos nosotros que otros nos seguirán.

No sé la razón por la que los Argentinos somos tan desmadrados. No queremos nuestra tierra, añoramos siempre viajar y salir de ella, no la cuidamos, no buscamos nuestras tradiciones sino que nos desvivimos por parecernos a los europeos o a los yanquis. Nuestro pueblo, sobre todo el pueblo del interior, ha sido olvidado, postergado e identificado con la barbarie y la chusma. Esa gente noble, trabajadora y patriótica ha sido suplida culturalmente por los burgueses citadinos, mezquinos, avaros, desconfiados y vendepatria. Baste salir del mundo montado por los medios de comunicación y recorrer el noreste y el noroeste argentino para saber que no somos, en la práctica, parte del mismo país.

Qué desgracia la de nuestra madre. Hijos pródigos que sólo piensan en vilipendiarla para su propio provecho que no se fijan en lo más mínimo cómo dejan parado su apellido familiar, qué les pasa a los hermanos, ni el futuro que les espera a sus propios hijos.

Hemos logrado precisar qué es la Patria y por qué hay que amarla. La Patria es hoy mi comunidad, mi trabajo, mi entorno, mi ciudad, mi gente, soy yo. Pero la patria puede ser amada de manera correcta o no. Vuelve a enseñarnos el P. Castellani: “Hay un amor a la Patria que es informe y salvaje, y hay otro que es falsificado; uno que es impulso ciego, otro que es idolatría apóstata: pero ellos no suprimen el recto amor a la Patria. Existe el amor a la Patria que es puro apego salvaje a un clan, con odio y xenofobia a todos los demás clanes. Este apego es instintivo, es la realización del teorema psicológico de que el hombre es un animal social, naturalmente, necesariamente. Este apego no es de suyo ni bueno ni malo, sino natural e informe, porque en el hombre todo lo que no es informado por la razón para volverse virtud, queda informe -o deforme.”

Este amor informe y salvaje llevo a los odios más encumbrados y a guerras sin sentido. Hoy lleva a odiarnos embanderados en equipos de fútbol, en partidos o grupos políticos o en sectores sociales antagónicos. La ideología es así uno de los grandes problemas del presente, ya que no nos deja inaugurar un diálogo social. Al otro lo pone en la vereda del frente y no puede acercarse sino es para someterse a mi monolítica manera de pensar y ver las cosas.

El P. Castellani continúa: “Así como existe un amor informe a la Patria, que es el amor del salvaje a su clan (no basta ser independiente para ser Patria, no hay nadie más independiente que el salvaje), así existe un amor falsificado. Es el amor de los que hacen de su Nación un absoluto, le ponen atributos divinos, idolatran en ella, venden a ella su alma, y le hacen sacrificios humanos, lo cual se llama hoy ultranacionalismo o estatolatría. El hombre es animal adorante, cuando no adora al Dios Sumo, se adora a sí mismo en las obras de sus manos. El Estado es la gran obra de las manos del hombre, es la suprema creación del intelecto práctico, dice Santo Tomás. El dinero es una gran creación del ingenio humano, a él obedecen todas las cosas, es omnipotente y da la felicidad. Entonces, apenas hemos arrojado de Europa a Jesucristo, el más incontestable de sus dioses, surgen en su lugar necesariamente Júpiter, dios griego, el dios del rayo Baal-Moloch, dios semita, el dios de la riqueza, y no hay más remedio que obedecerlos porque son más poderosos que el hombre, son fuerzas naturales como los terremotos, que sólo obedecen a Dios.

Júpiter restablece la esclavitud. Moloch restablece los sacrificios humanos. Así se falsifica el amor patrio y así surgen guerras por el petróleo, por las colonias, por los mercados o por el simple orgullo imperialista. Pero eso no quiere decir que el amor patrio sea malo, sino que lo es su corrupción. Puesto que las peores corrupciones son las corrupciones de las cosas buenas.”

El problema y la solución de la Argentina coinciden y somos los argentinos… no son los gobernantes, ni los dirigentes, ni los vecinos, ni los justicialistas, ni los socialistas, ni los sindicalistas, ni los… somos todos… sos vos y soy yo… Este país tiene que ser una causa que suponga la oblación y el heroísmo. Sin héroes y sin sacrificio no habrá futuro para nadie. No hay que mirar para el costado, no hay que acomodarse “mientras a mí no me toque yo no me meto”, hay que tener vocación de servicio y de patriotismo.

Dar la vida como tantos abuelos y bisabuelos nuestros que de la nada construyeron pueblos, clubes, iglesias, escuelas, para que sus hijos sean grandes y prósperos. No se guardaron el dinero y el esfuerzo para especular o para medrar con la miseria de los demás. Cuánto anhelo un grupo de argentinos que diga basta al egoísmo individualista, que diga basta al relativismo moral que nos destruye, que diga basta a la corrupción y al partidismo sectorialista.

La Argentina es nuestra madre, es nuestra esposa y es nuestra hija. Depende de vos y de mí, depende de cada uno de nosotros si seremos entre los anaqueles de la historia esa generación que claudicó y dio la sentencia de muerte a tantos esfuerzos, o aquella que marcó el rumbo y dio la base para la nueva Argentina que todos deseamos.

Para terminar reitero las metas que los obispos argentinos nos han propuesto y que las considero válidas y tareas a construir por cada uno de nosotros:
•Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas.
•Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo.
•Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables.
•Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad.
•Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia.
•Afianzar la educación y el trabajo como las claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes.
•Implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral.
•Promover el federalismo, que supone la justa y necesaria autonomía de las provincias y sus municipios con relación al poder central, no sólo referida al gobierno de las jurisdicciones sino también a la coparticipación de los recursos.
•Profundizar la integración en la región.

Ya está en marcha la cruzada por el patriotismo auténtico, por el bien de cada persona que habita en esta tierra bendita y que Dios nos ha dado como sus administradores. Estimados chicos ustedes son el futuro de este país, de ustedes depende si nuestra Nación será noble y grande o será pobre y desgraciada. Lamentablemente la Argentina que le dejamos está bastante maltrecha y hasta da vergüenza ajena lo que tantos argentinos hacen. Ustedes no renuncien nunca a comprometerse con el bien de nuestra gente, que nadie les robe la dignidad de ser argentino, que puedan estar orgullosos sus descendientes de lo que ustedes forjaron con honradez, laboriosidad y sacrificio.

Hace 200 años un grupo de hombres, algunos como nosotros alumnos escolapios, se decidieron a hacer historia, a luchar por el bien de todos… a ellos se lo debemos… hagamos nuestra parte en esta etapa de la historia que nos toca…

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Fecha: 20/05/2010
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